CASA DE AMANCIO, al final del camino de Santiago.

Debido a los horarios de algunas compañías aéreas, a veces, las llegadas a destino son a horas intempestivas para alguna cosa, siempre.
O son muy tempranas, o muy tardías. O a horas de comer, que llegas tarde a todas partes…
En esta ocasión el avión llegaba a Lavacolla a las 14:20. Entre unas cosas y otras, la hora de comer -sagrada por otra parte- se esfumaba sin haber probado bocado. Y, las opciones se ajustaban a algún establecimiento de infame comida rápida. Y no. Me niego.

Así que consulté a mi instinto y este me llevó a un pequeño establecimiento perdido en el bosque, dentro del camino de Santiago, donde, ademas de dar cobijo a los caminantes, también dan de comer. 

Al entrar, una fabulosa chimenea de piedra nos ofrece su calor, mientras nos diría¡dimos al comedor, también  uy rústico, para disponernos a dotar de alimento nuestros maltrechos cuerpos.
Un Revuelto de Hongos saciará nuestros primeras  ansias, con delicioso sabor que, mojado en pan gallego es otra historia.

Después optamos por un Cochinillo Asado crujiente y sabroso.

Todo remojado con un buen vino de Mencía, aconsejado por el camarero que nos dio muestras de ser un gran profesional.

Los postres…ya veis….
Para muestra un botón.

Un gran descubrimiento al que no creo que pueda evitar volver con cualquier excusa.
CASA DE AMANCIO
Lugar de Villamaior, 9, Santiago de Compostela.
PRECIO: 30,-€
PUNTUACIÓN: 9/10